5.11.09

Una gota, 3 y fin

Los millones de gotas de agua comienzan a moverse en un remolino vertiginoso de vuelo de pájaros o llovizna pertinaz y salvaje. La nuestra es arrastrada con las demás, y sí, inicia un viaje; un viaje de conductos y turbinas, de pequeños y grandes saltos de agua, un viaje aterrador en el que se siente aplastada, estrujada, conducida. Y al fin, sale por un agujero muy pequeño en compañía de otras gotas a las que casi no tiene tiempo de saludar, ¿de dónde vienes? Más allá de las montañas, de un país que… ¡¡¡¡¡¡adiós!!!!!!
Nuestra gota ha llegado al fin; se desliza en un tobogán recto y algo empinado. Se balancea en la punta de un trampolín curioso. Cae, poco a poco, y se cuelga de un asidero curvo, que, ahora que permanece en él unos segundos, percibe cálido. Vuelve a precipitarse y resbala sobre una superficie increíblemente blanca y mojada, que se mueve y se estremece y con un giro, la gota se queda en otra porción blanda de curva cerrada. Y ahí se queda. Es curioso. Se siente absorbida, asimilada, por este cuerpo (intuye que eso ha de ser, qué si no; no hay nada que se le parezca) que la ha recibido como lo hizo la nube nimbo: sin preguntar. Qué sensación. Y la gota de lluvia, ahora dulce y tibia, se siente bien, agradecida. Es este un paisaje que nunca avistó desde la nube. Un paisaje pleno de simas, hondonadas y valles; blanco y terso, que huele a limpio y a húmedo, como la hierba.
Y nuestra gota de agua piensa que ha tenido suerte mientras se deshace en millones de partículas.

4.11.09

Una gota, 2

Nuestra gota empezó siendo pequeña, apenas una lágrima de rocío prendida del envés de una hoja de roble y, con el calor de la mañana, voló evaporada hasta una nube madre que la acunó entre sus brazos esponjosos, cargados de lluvia. Desde entonces ha pasado tiempo y la gotita de agua se ha hecho mayor; está convencida de que ya es toda una gota de lluvia capaz de integrarse en un aguacero.
Observa con envidia a sus compañeras hermanas que caen con gracilidad sobre las personas y las cosas. No cae en la cuenta nuestra gota que caer derramada será su fin, pues a fin de cuentas, es una gota de lluvia y existe para derramarse. Y así va pasando el tiempo.
Una tarde de otoño y sin previo aviso, la nube nimbo la libera, abriendo sus brazos llenos de agua fresca. La gota de lluvia se precipita hacia el suelo: liviana, alegre, gozosa. Y cae en un depósito. Qué triste se siente. Es como la nube nimbo, lleno de millones de gotas, pero más frío, más oscuro y sin viajes por el cielo. ¿Dónde están los robles? ¿Dónde quedaron las flores silvestres y las tapias cubiertas de hiedra? ¿Adónde se fueron las canciones de los niños? ¿Y cómo es que no se ve el sol?

3.11.09

Una gota,1

Era una gota de agua que vivía en una nube tan negra como las penas del infierno. De acá para allá, nuestra gota viajaba sobre mares de campos castellanos, y se solazaba con el ocre y el amarillo, con el verde bosque y el marrón oscuro. Los mares nunca eran azules, porque en Castilla no hay océanos de barcos con velas blancas. Hay, sin embargo, porciones de aguas esmaltadas entre roquedales y encinas, hilos de plata flanqueados por álamos, cimbreantes amapolas rojas en medio de trigales, y miles de girasoles negros y amarillos que desafían al sol.
Era una pizca de agua que moraba en una gran nube gris acero, y que, por esas cosas de la vida, no terminaba de caer sobre el sembrado, ni sobre el tejado de la casita de adobe, que no acababa de perderse entre los niños que iban a la escuela, ni había restallado, cual rayo de tormenta, en una brizna de hierba brillante. Un día estuvo a punto de desplomarse en el morro de una vaca blanca y negra (todavía no ha terminado de dar las gracias a la nimbo nube que no la dejó ir).

30.10.09

Orgullo y prejuicio




La veremos entera una tarde, aderezada con tu charla y tu café.
Un beso. Pienso en ti.

29.10.09

Cuestión de tiempo

Aún se enseñorea el verde en lo alto de los árboles. Pero hay álamos que llamean y copas de árboles que se sonrojan; el otoño les ha dado un beso y es cuestión de días que pierdan las hojas.
Entonces, los marrones y amarillos alfombrarán la hierba y los caminos y sólo tendremos que mirar con los ojos del corazón para ver cómo el otoño, niño travieso, desviste a los álamos y juguetea, escondiéndose y asomándose entre las ramas más altas.
Será cuestión de tiempo que el invierno llegue.

Aún se enseñorea la primavera, prendida en las hojas de algunos árboles. Pero es cuestión de tiempo.

28.10.09

Ojalá

Un simple paseo te dulcifica los adentros y te ensancha el corazón, como si de repente fueses un marino del XVII y no hubiese piratas a la vista. Por la mañana había una pareja joven que se miraba a los ojos y se besaba con esa cadencia del amor satisfecho y esa alegría sin fisuras de los que se sienten jóvenes, guapos y afortunados. A mí no me molesta que la gente joven se bese apasionadamente en las calles, en los trenes, en las tiendas. No me molesta cuando atisbo en ellos, como en la pareja de la otra mañana, un sentimiento que va más allá del deseo urgente, algo íntimo y especial que los envuelve y los aísla de los demás, como si estuviesen dentro de una burbuja rosa de cristal. Más tarde, una madre paseaba con su hijo. Iban riendo con estruendo, compartiendo un secreto tan íntimo que nadie podría arrebatárselo. Una simple caminata te muestra un día cálido y plata, una mujer que charla con otra en una cafetería y ves cómo se ríen y cómo comparten confidencias, mientras apuran las palabras y el café con leche. Y lejos, sólo un poco más lejos, otra pareja camina; ella está embarazada y él le toca la abultada redondez del vientre y todo parece encajar, su mano, su sonrisa, el bamboleo de ella y los pasos firmes de él.
Es un simple paseo. Pero te descubres pensando que ojalá les dure. Que ojalá las tristezas, los inconvenientes y la perra vida los respete todo lo que sea posible. Ojalá. Y miras al cielo y ves una franja lapislázuli que se asoma entre las hilachas blancas de las nubes.

27.10.09

22

Me pregunto cómo será el día 22 para la ¿periodista? También me pregunto si es necesario fumar chocolate, maría, cannabis, porro tras porro, hasta caer exhausta y concluir, prodigio de descubrimiento, que las drogas enganchan, queman neuronas y desquician. Incluso me pregunto qué es lo que intenta demostrar la guapa presentadora viviendo en una chabola: ¿lo difícil que es el aseo?, ¿lo mal que se pasa sin tener ducha?, ¿el horror de la no intimidad?
Pero ella fue aún más allá y vivió como los sin techo, y como en una película o una serie de televisión, contó y sufrió cómo es eso de dormir en el suelo, y sentir el desprecio de las miradas de los transeúntes y constatar que es triste, duro y solitario eso de no tener una casa, una cama, un armario, un lugar en el que recomponerse y arreglarse la maltrecha dignidad.
Ahora no. Ahora, la morena guapa nos va a contar cómo es una inmersión en el lujo, en el derroche, en lo mejor, en la excelencia de lo mejor y en la exclusividad de lo exclusivo. Ahora el viaje transcurrirá a lomos de una limusina y el desprecio en la mirada de los transeúntes no la alcanzará, porque ya se sabe que los ricos no viven en las aceras. 21 días. Acaso estos últimos sean un premio de la productora del programa por su otrora esforzada labor.
No creo que para ¿sensibilizar? ¿mostrar? ¿demostrar? Haga falta tanta involución, tanto espectáculo y tanto morbo. No lo creo, pero puede ser que esté equivocada. A fin de cuentas, el mundo a veces se me antoja un lugar extraño en el que suceden cosas extrañas.